Главная страница сайта Небесное Искусство Главная страница сайта Небесное Искусство Главная страница сайта Небесное Искусство
Воистину, при первом же выстреле обмана ты должен подняться. Данте Алигьери
Кликните мышкой 
для получения страницы с подробной информацией.
Блог в ЖЖ
Карта сайта
Архив новостей
Обратная связь
Форум
Гостевая книга
Добавить в избранное
Настройки
Инструкции
Главная
Западная Литература
Х.К. Андерсен
Карты путешествий
Ресурсы в Интернете
Р.М. Рильке
У. Уитмен
И.В. Гете
М. Сервантес
Восточная Литература
Фарид ад-дин Аттар
Живопись
Фра Анжелико
Книги о живописи
Философия
Эпиктет
Духовное развитие
П.Д. Успенский
Дзен. 10 Быков
Сервисы сайта
Мудрые Мысли
От автора
Авторские притчи
Помощь сайту
 

 

Текущая фаза Луны

Текущая фаза Луны

26 октября 2020

 

Главная  →  Х.К. Андерсен  →  Сказки  →  Переводы сказок  →  Все сказки на испанском языке  →  La pastora y el deshollinador

Случайный отрывок из текста: Райнер Мария Рильке. Письма к молодому поэту
... Не позволяйте сбить себя с пути неглубокими суждениями: в глубине вещей уже нет случая, а есть только закон... А те, кто плохо и дурно хранит эту тайну (а таких много), теряют ее лишь для самих себя и все равно передают ее дальше, сами того не зная, как запечатанное письмо. ...  Полный текст


Выберите из раздела сказок Андерсена:

Перечень сказок:
по году издания
по алфавиту
по популярности
по оценкам читателей
случайная сказка

Переводы сказок:
на белорусском
на украинском
на монгольском
на английском
на французском
на испанском

Иллюстрации к сказкам:
В. Педерсен
Л, Фрюлих
Э. Дюлак
современные художники

Примечания к сказкам:
Примечания

Выберите из раздела Андерсена:

Повести и романы, стихи, автобиографии, путевые заметки, письма, портреты, фотографии, вырезки, рисунки, литература об Андерсене, раздел Андерсена на форуме.
   

Эту сказку можно посмотреть на 2-х языках одновременно
Выберите языки:
и  

 
Оцените эту сказку:
Кликните мышкой 
для получения страницы с подробной информацией.
Всего оценок: 1, средняя: 5.0 (от 1 до 5)
   

La pastora y el deshollinador

 

¿Has visto alguna vez un armario viejo de verdad, ennegrecido por el paso del tiempo y cargado profusamente de todo tipo de ornamentos? Pues... en una sala había uno exactamente así. Fue heredado de la bisabuela y estaba adornado con rosas y tulipanes, tallados en la madera con dudoso acierto. Tenía las más extrañas espirales y entre ellas asomaban cabecitas de ciervos con exagerada cornamenta. En medio del armario sobresalía un personaje de cuerpo entero, muy ridículo y con una expresión burlona en su rostro. Tenía patas de cabra, cuernos en la frente y una larga barba. Los niños de la casa le llamaban Super-subgeneral-comandante-sargentochusquero Patas de Cabra. Era un nombre muy difícil de pronunciar, no habiendo muchos en la milicia que hayan alcanzado un grado tan alto; el mérito del personaje queda demostrado, sin duda, por el hecho de haberlo tallado con tanta minuciosidad.

En fin, el caso es que allí estaba y miraba sin cesar a la mesa que había debajo del espejo, porque en ella se encontraba una encantadora pastorcita de porcelana. La pastorcita llevaba unos zapatos dorados y el vestido sujeto graciosamente con una rosa roja; tenía un sombrero dorado y un cayado en su mano diestra. Era un verdadero encanto.

Junto a ella había un pequeño deshollinador, negro como el carbón, aunque también de porcelana. Era tan limpio y curioso como cualquier otro, porque sólo era -y no pretendía otra cosa- un deshollinador de adorno. El artista lo mismo pudo haber hecho de él un príncipe.

Allí estaba, tan gracioso, con su escalera y un rostro tan blanco y sonrosado como una muchacha -lo cual era un error, pues no le habría venido mal haber estado un poquito tiznado-. Estaba muy cerca de la pastora, por lo que, al haber sido colocados allí juntos, con el tiempo se enamoraron. Hacían una buena pareja; eran jóvenes, procedentes de la misma porcelana e igual de frágiles.

Junto a ellos había una figura tres veces mayor: un viejo chino que movía la cabeza. Era también de porcelana y decía ser abuelo de la pastorcita, aunque nunca pudo demostrarlo. Pretendía tener autoridad sobre ella, por lo que había cabeceado afirmativamente al Super-subgeneral-comandante-sargentochusquero Patas de Cabra cuando éste le pidió la mano de la pastorcita.

-Este es el marido que te conviene -le dijo el viejo chino-, un marido que, casi estoy seguro, es de caoba, y que te hará Super-subgenerala-comandanta-sargentachusquera. Tiene todo el armario lleno de cubiertos de plata, además de lo que tendrá en otros cajones secretos.

-¡No quiero ir a ese armario oscuro! -dijo la pastorcita-. He oído decir que guarda en él a otras once esposas de porcelana.

-¡Entonces tú serás la número doce! -dijo el chino-. ¡Esta noche, en cuanto empiece a crujir el viejo armario, tendremos boda, tan cierto como que soy chino! -y movió la cabeza arriba y abajo, y se durmió.

Pero la pastorcita lloró y miró a su novio, el deshollinador de porcelana.

-Te pido, por favor, -dijo ella- que huyas conmigo al ancho mundo, porque aquí no podemos continuar.

-Haré lo que tú quieras -dijo el pequeño deshollinador-. Vámonos ahora mismo. Estoy seguro de que podré mantenerte con mi trabajo.

-Quisiera haber bajado ya de la mesa -dijo ella-. No estaré tranquila hasta encontrarme en el ancho mundo.

Y él la consoló y le enseñó cómo podía poner sus piececitos en los bordes tallados de la mesa y en las doradas molduras a lo largo de las patas. También les fue muy útil su escalera, y así, por fin se encontraron en el suelo. Pero cuando miraron al viejo armario vieron que se había organizado una gran algarabía: los ciervos esculpidos estiraban sus cabezas, levantaban las cornamentas y retorcían sus cuellos, el Super-subgeneral-comandante-sargentochusquero Patas de Cabra daba saltos y gritaba al viejo chino:

-¡Que se escapan, que se escapan!

Entonces les entró miedo y saltaron rápidamente al cajón que había debajo de la ventana.

Allí encontraron tres o cuatro barajas incompletas y un pequeño teatro de muñecas, que había sido armado lo mejor posible. Se estaba representando una comedia y todas las damas, tanto de diamantes y corazones como de tréboles y picas, estaban sentadas en primera fila y se abanicaban con sus tulipanes, y detrás de ellas estaban de pie todos los reyes, mostrando bien a las claras que tenían cabeza tanto arriba como abajo, como sucede en los naipes. La comedia trataba de una pareja que no podían casarse, lo que hizo derramar lágrimas a la pastora, porque le recordaba su propia historia.

-No puedo soportarlo más -dijo-; tengo que salir de este cajón.

Pero, cuando estuvo en el suelo y miró a la mesa, observó que el viejo chino se había despertado y sacudía todo el cuerpo, porque, naturalmente, la parte inferior era de una sola pieza.

-¡Que viene el viejo chino! -gritó la pastorcita, y le entró tanto pavor que cayó sobre sus rodillas de porcelana.

-¡Se me ocurre una idea! -dijo el deshollinador-. Vamos gateando y nos metemos en la gran jarra de flores que hay en el rincón. Allí podremos escondernos entre las rosas y la lavanda y echarle sal en los ojos cuando se acerque.

-¡Es inútil! -dijo la pastorcita-. Además sé que el viejo chino y la jarra de flores han sido novios, y siempre queda algo de cariño cuando dos personas se ha querido. No, no queda más remedio que salir al ancho mundo.

-De veras te atreves a salir conmigo al ancho mundo? -preguntó el deshollinador-. ¿Te das cuenta de lo grande que es y de que quizá no regresemos nunca?

-Sí, lo sé -dijo ella.

Entonces el deshollinador la miró muy serio y le dijo:

-Mi camino va a través de la chimenea. ¿Te atreves de verdad a subir conmigo por la estufa y trepar por el tubo hasta salir a la chimenea?; una vez allí sé bien cómo arreglármelas. Subiremos tan alto que nadie podrá alcanzarnos y hallaremos la abertura que da al ancho mundo.

Y la condujo hasta la puerta de la estufa.

-¡Qué oscuro está! -dijo ella, pero le siguió a través de la estufa y del tubo, que estaba oscuro como boca de lobo.

-Ahora ya estamos en la chimenea -dijo él-. ¡Mira, mira! ¡Allá arriba brilla la estrella más hermosa!

Sí, ciertamente era una estrella del cielo la que brillaba justo encima de ellos, como si quisiera señalarles el camino. Y ellos se arrastraron y subieron -era una subida horrible, alta, muy alta-. Pero él deshollinador la alzaba, la ayudaba y la sostenía, y le señalaba los mejores sitios donde podía poner sus piececitos de porcelana. Y así subieron hasta alcanzar el borde de la chimenea y se sentaron en él, porque estaban muy cansados, como ya se supondrá.

El cielo con todas sus estrellas se abría sobre ellos, y todos los tejados de la ciudad quedaban por abajo. Alrededor de ellos, y tan lejos como alcanzaba la vista se extendía el ancho mundo; la pobre pastora nunca lo había imaginado tan grande. Inclinó su cabecita en el hombro del deshollinador y lloró hasta que el oro de su cintura comenzó a desteñirse.

-¡Esto es demasiado! -dijo-. ¡No puedo resistirlo! El mundo es demasiado grande. Ojalá me encontrara otra vez en la mesita bajo el espejo. No volveré a ser feliz hasta que vuelva. Te he seguido hasta el ancho mundo; ahora debes acompañarme a casa de nuevo, si te importo algo!

Y el deshollinador le habló con todos los argumentos razonables de que fue capaz, le habló del viejo chino y del Super-subgeneral-comandante-sargentochusquero Patas de Cabra, pero ella sollozaba con tanta pena y le besaba de tal forma, que su pequeño deshollinador no tuvo más remedio que acceder, aunque para él fuese un disparate.

Y entonces se deslizaron de nuevo con grandes apuros a través de la chimenea y bajaron de nuevo por el tubo, lo que no era nada agradable, hasta que se encontraron en la oscura estufa. Se pusieron a mirar desde detrás de la puerta para saber lo que ocurría en la sala.

Todo estaba en silencio y salieron; pero, -¡horror, en medio de la estancia estaba el viejo chino!-. Se había caído de la mesa cuando trataba de perseguirles y yacía roto en tres pedazos. Toda la espalda se le había desprendido en bloque y la cabeza había rodado a un rincón. El Super-subgeneral-comandante-sargentochusquero Patas de Cabra estaba donde siempre había estado y meditaba.

-¡Qué horror! -dijo la pastorcita-. El abuelo se ha roto por culpa nuestra. ¡No me podré reponer de esto! -Y se retorcía sus delicadas manos.

-Todavía se puede recomponer -dijo el deshollinador-. ¡Se puede pegar muy bien! No te desesperes. Cuando le encolen la espalda y le planten un buen remache en el cuello, quedará como nuevo y nos podrá decir otra vez muchas cosas impertinentes.

-¿De verdad que lo crees así? -dijo ella. Y treparon a lo alto de la mesa, donde habían estado antes.

-Bueno, ya estamos aquí de nuevo -dijo el deshollinador-. ¡Nos podíamos haber ahorrado todas las molestias!

-¡Con tal que pudiéramos reparar al viejo abuelo! -dijo la pastorcita-. ¿Costará mucho?

Y muy bien reparado que quedó. La familia le hizo pegar la espalda; le pusieron un buen remache en el cuello y quedó como nuevo, pero no podía mover la cabeza.

-¡Qué orgulloso se ha vuelto desde que se hizo trizas! -dijo el Super-subgeneral-comandante-sargentochusquero Patas de Cabra-. ¡Pues no creo que sea como para enorgullecerse! ¿Me vas a dar permiso para casarme con ella o no?

Emocionaba ver las miradas suplicantes que dirigían al viejo chino el deshollinador y la pastorcita. ¡Qué miedo tenían de que dijera que sí con la cabeza! Pero le era imposible hacerlo, y no quería confesar a un extraño que llevaba una grapa en el cuello. Con lo que las figuras de porcelana permanecieron siempre unidas, agradecidas al remache del abuelo, y continuaron queriéndose hasta que, también ellos, se hicieron pedazos.

Оцените эту сказку:
Кликните мышкой 
для получения страницы с подробной информацией.
Всего оценок: 1, средняя: 5.0 (от 1 до 5)

 

Наверх
<<< Предыдущая страница Следующая страница >>>
На главную

 

   

Старая версия сайта

Книги Родни Коллина на продажу

Нашли ошибку?
Выделите мышкой и
нажмите Ctrl-Enter!

© Василий Петрович Sеменов 2001-2012  
Сайт оптимизирован для просмотра с разрешением 1024х768

НЕ РАЗРЕШАЕТСЯ КОММЕРЧЕСКОЕ ИСПОЛЬЗОВАНИЕ МАТЕРИАЛОВ САЙТА!